ABOUT NURIA ROMÁN
----------------------------
Cuando habla de su último proyecto de repente se para y exclama:
“me parece que siempre he tratado el mismo tema”, y ahí está la clave. La obra de Nuria Roman, pintora, escultora, artista por acción y emoción, es un mensaje que lanza a su alrededor a través de materiales y técnicas con las que descubrir las múltiples facetas de su tema.
En su taller de Cala Sant Esteva, en la localidad menorquina de Es Castell, se percibe cierto caos fruto del trabajo continuo y múltiple. No se obliga a organizar una rutina ni una línea de acción. Entre telas, esculturas y un acogedor salita de estar, Román ha construido un mundo que irradia emoción y un sentido de la solidaridad, un cierto amor a lo humano, más allá de discursos copiados.
Su exposición es ‘Silencis’, donde la piedra nos habla de lo matérico y de lo estético en un montaje instalación donde cada pieza aparece suspendida mágicamente. Lo que nos sugiere es precisamente algo que sólo puede experimentarse a través del silencio de la contemplación, a través de la cual se puede llegar -casi sin querer- a la meditación y reflexión según se sea más emocional o racional.
Puede que sea la piedra que formaba parte de sus ‘Sembradoras’, hace más de diez años, mujeres sin rostro ni estructura curvadas trabajando la tierra. O bien las piedras de un mundo que sostenían las ‘Atlantas’ (1999), grandes mujeres con el mundo acuestas o protengiéndolo en su regazo, mujeres que se erigen como pilares del mundo. Aunque las mujeres que realmente protegen el mundo son las que habitan en él. En ‘Mujeres del mundo’ aparecen en todas sus ‘modalidades’, afganas, chinas, africanas, europeas, refugiadas, son madres con sus hijos, cargadas con fardos, cargadoras de algo que no pueden o bien quieren abandonar.
Sin caer en el tópico no se trata de un trabajo femenino, ni por lo reivindicativo -que aparece explícito-, ni por lo psicológico -sin traumas-, se trata de un aviso global fruto de la visión del mundo.
De ahí surge la serie ‘De Norte a Sur’ y la producción de unos mundos puestos ‘del revés’, atacando la convención solo por el gusto de hacernos fijar que existen otros puntos de vista, otros mundos. “Que otro mundo es posible” es la conclusión que da lugar a un nuevo camino, el de la acción. Así destaca la siembra de banderas blancas por el litoral menoquín como testimonio de una presencia silenciosa, … orientando la mirada. En ‘Mirando al Sur’ la belleza de las superfícies pictóricas de aspecto monocromático y simbólico muestran una ventana por la que mirar no ver nada explícito, sólo el color de la mente que mira hacia cierta luz. De ahí la necesidad de cierto silencio a la hora de otear ese horizonte.
En la acción conjunta de querer ver lo que nos propone la autora es un paso más, entrar en ese mundo para unir el individuo con la tierra. Descubrir que civilización tras civilización hemos perdido algo que se separó, incluso algo divino.
En Menorca Román ha desarrollado una nueva expresión de su tema. El entorno pétreo le sirve para llenarse de un mundo de fuerte espiritualidad contenida en sus piedras. La isla nacida de dos épocas geológicas diferentes es como una gran falla unida y rota al mismo tiempo, su curación depende de la conciciliación sanadora. |
--------------------------------------------------------------- ---------------------------------------------------------------
Vuelve a surgir a través del tiempo la acción de las gigantas que habitaban la isla. Atlantas que llevan el mundo a cuestas cuidándolo, consolándolo y curándolo con el acto de ‘Coser el mundo’, una acción simbólica própia de un cuidado maternal, cotidiano y cuidadoso. De ahí el especial proyecto ‘La aguja de la Giganta’, un gran monolito del cual destaca su agujero por donde pasa el hilo que todo lo une y todo lo relaciona en un abrazo universal. Si partimos de Menorca el hilo de unión es la latitud 40º.
-Anna Bagur |